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Manifiesto: Hacia una NeuroArquitectura

El año 2020 nos ha traído, de manera que nadie se podía esperar, una pandemia mundial que nos ha recluido en nuestros hogares durante varios meses. Un tiempo de reflexión obligado en el que todos hemos experimentado algún tipo de viaje interior, alguna transformación personal, hemos tomado decisiones o hemos movido ficha en nuestras vidas. Este tiempo de confinamiento, en el mejor de los casos, ha dejado hueco para la reflexión, y para conocernos por dentro.

Quizá el parón por la covi-19 ha sido una consecuencia del frenético ritmo de vida que empezábamos a alcanzar; donde primaba lo inmediato y el aquí-ahora se evaporaba sin dejar huella. Después de unos meses en los que el tiempo se ha vuelto más denso, los días han recuperado algunas de sus horas y nosotros, los seres humanos, hemos entrado en contacto con nuestro lado más emocional y sensible, vale la pena terminar el año con una reflexión sobre cómo contribuir a mantenernos sanos, por dentro y por fuera.

Desde la arquitectura y el diseño, hemos visto cómo los entornos domésticos no siempre satisfacían nuestras necesidades emocionales. Realizar pequeños cambios en casa es de gran ayuda para vivir el espacio de una forma nueva, dando pie a que sucedan nuevos encuentros entre los habitantes. Cómo habitamos nuestro entorno no sólo depende de nosotros, sino también de cómo es este entorno. La selección de materiales, colores y formas tiene una implicación en el resultado global. Recordemos que el todo es más que la suma de las partes. Ese “todo” no es algo que podamos experimentar conociendo “las partes”, sólo llevándolo a cabo podremos sentir con nuestros 33 sentidos cuál es el resultado de esos cambios.

Los avances en la neurociencia y en percepción son de gran ayuda para entender qué conexión existe entre el espacio construido y el comportamiento humano. Aquí está la esencial del Manifiesto hacia una neuroarquitectura. Te animo a dedicar un momento a entender qué procesos neuronales intervienen en la construcción de la realidad y cómo nuestro cuerpo sirve de filtro para que lo material se transforme en mental. Este vaivén de información nos convierte en habitantes del ecosistema arquitectónico que habitamos. Cuando la arquitectura es un ecosistema de sensaciones y emociones del que disfrutar.

Ana Mombiedro para Archiimpact. Diciembre 2020

Visita el manifiesto: www.anamombiedro.com/manifiesto-neuroarquitectura

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