El horizonte de la mente. Escola Infantil de Casp

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Ya hace unos meses visité la escuela de infantil de Jesuïtes Casp, en pleno centro de Barcelona, en uso desde 2015.

La comunidad Jesuïtes Educació en Catalunya inició en 2012 un proceso de transformación educativa que llamaron Horitzó 2020 para dar respuesta a los retos de la sociedad actual creando un modelo pedagógico propio e innovador, un cambio sistémico. La consulta participativa a toda la comunidad educativa y el trabajo de muchos profesionales dieron como resultado distintos principios del nuevo modelo pedagógico, el modelo de organización de las escuelas, el rol de los educadores y también acerca del diseño de los espacios escolares; ya que se consideró la arquitectura como una pieza clave en la creación de entornos estimulantes para los alumnos.

Para guiar el diseño de los nuevos centros educativos  se redactó el documento “35 escenarios para trazar el cambio educativo” que podéis encontrar aquí.

Las directrices que se presentan en este documento van orientadas a cómo trasmitir con el espacio un estado de alegría, optimismo, creatividad, entusiasmo, juego, luminosidad. Es esperanzadora su visión de la importancia de repensar los entornos construidos para permitir modelos de enseñanza distintos y sobretodo, la confianza en la arquitectura como factor que puede crear bienestar para facilitar el desarrollo de los niños.

La escuela de infantil de Jesuïtes Casp (niños de 3 a 5 años) es uno de los proyectos llevados a término. Se ha reformado un edificio de planta baja más tres, su patio posterior en la planta baja y una terraza que da hacia el patio en la primera planta. En la planta baja se sitúa el acceso y dos espacios polivalentes, uno de ellos normalmente usado como comedor. Cada planta por encima corresponde a un curso de preescolar, y cada una está diseñada con mobiliario y colores diferentes.

Las aulas son un único espacio continuo en el que se diferencian tres zonas, el ala que da al patio trasero, el ala que da a la calle y la zona intermedia entre las dos; algo más estrecha y desde donde se accede también a los lavabos. Cada zona cuenta con mobiliario y material distintos; por ejemplo una grada, unas mesas, un escenario etc. En ocasiones la clase trabaja toda junta o se separa en grupos más reducidos que se colocan en las distintas alas de la planta.

Así pues, la flexibilidad y polivalencia del espacio sobresale como característica más importante del diseño. Después de esta yo destacaría el color, el mobiliario y la iluminación.

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Admiro el resultado de esta escuela pero me gustaría hacer una aportación respecto de una dimensión que veo carente en el diseño de la mayoría de espacios educativos, sean tan vanguardistas como este o más tradicionales.

En este momento estoy realizando un posgrado sobre salud y harmonía del hábitat y estoy adquiriendo una visión muy amplia de qué es un espacio en harmonía con las personas.

Si consideramos una división muy básica de los seres humanos en cuerpo, mente y espíritu podemos diferenciar aquellos factores del entorno construido que influyen en cada una de estas partes. No es de extrañar que la sociedad actual, que es altamente mental, considere casi únicamente la dimensión mental-emocional en el momento de pensar en arquitectura.

Sin entrar la dimensión espiritual –para estimular la cual también podemos usar herramientas arquitectónicas; véase la arquitectura de los espacios sagrados– después de la visita a la escuela me parece oportuno traer consciencia a la olvidada dimensión del cuerpo.

El entorno no sólo puede transmitirnos optimismo o pesimismo; sino que también influye sobre nuestro sistema físico, actuando sobre el bioelectromagnetismo de nuestros cuerpos (que regula las neuronas y las células); sobre nuestro sistema nervioso y sobre nuestros órganos.

Cada vez somos más conscientes de que algunos alimentos de nuestras dietas tradicionales no son muy buenos para el organismo, como la leche de vaca o la harina refinada, que a la mayoría de personas causan hinchazón y a algunas intolerancia. Con el entorno pasan cosas similares. Hay factores que atacan al equilibrio natural del cuerpo y que pueden llegar a ser patológicos en algunas personas, sobre todo cuando estamos siendo expuestos a la influencia de aquellos durante 8 horas o más al día (sea mientras dormimos o trabajamos). Sin embargo es difícil que se identifique la causa-efecto de factores ambientales y no porque sean menos comunes, sino porque no se les suele prestar atención. Son los campos de ondas electromagnéticas, los altos niveles de tensión electroestática, los tóxicos volátiles que liberan algunos materiales, las frecuencias de onda bajas o excesivamente altas en la luz artificial y las geopatías o alteraciones del campo telúrico terrestre. Pueden provocar insomnio, déficit de atención, hiperactividad, depresión y un largo etcétera de patologías hasta la leucemia infantil y el cáncer.

Durante la visita al edificio de infantil de Casp enseguida me di cuenta que se había diseñado con y para la mente y no para el cuerpo. No pongo en duda que facilita y estimula la nueva pedagogía y el desarrollo cognitivo y creativo de los niños;  solo observo que tener en cuenta el potencial del entorno para mejorar la salud física, la armonía interior y el correcto funcionamiento del organismo también tiene que ver con el desarrollo óptimo de los seres humanos, especialmente de los más pequeños. Mente sana in corpore sano.

Fui consciente por ejemplo de que la percepción predominante era la vista. ¿Qué pasa con el oído y el tacto? Los acabados plásticos que recubren todas las superficies además aumentan la contaminación acústica. En efecto hay difcultades en el uso simultáneo de varias zonas del aula a la vez por falta de silencio. La escuela infantil de Casp tiene también wifi (campo electromagnético disruptor de nuestras barreras eléctricas), pavimento de vinilo (potencialmente cargado de tensión electroestática y tóxicos) y luz LED fría (que no tiene la mejor relación biótica con los receptores del cuerpo). Algunos detalles que se pueden corregir por ejemplo con el internet por cable, la madera y las bombillas “de toda la vida”.

Esto me hace darme cuenta de la importancia de traer una conciencia holística al diseño de espacios y a las personas que los habitan. Puede que el horizonte en el 2012 fuera la sociedad del conocimiento, pero espero y deseo que en el 2020 el nuevo horizonte que se vislumbre sea el de la sociedad del bienestar integral.

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