Busto emocional y Pellejo empático. María Langarita

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El pasado 24 de Abril asistimos a la conferencia de María Langarita dentro del ciclo de conferencias Foros School of Architecture 2017. Nos inspiró profundamente su teoría según la cual podemos distinguir dos resistencias en la arquitectura: el busto y el pellejo.

El “busto” corresponde a la parte dura, pesada, inerte, costosa de un edificio. Lo que vendría siendo la obra en sí.

matisse
Cuadro de Matisse en el que el busto es un rojo uniforme y resalta el pellejo

Con “pellejo” se refiere a todo lo que es perecedero, orgánico, que se pudre o pierde con el paso del tiempo, y que suele recubrir el busto. Por ejemplo las plantas, personas, comida, telas, pinturas, cojines, toldos etc.

Históricamente, hemos documentado, descrito, juzgado  y protegido las arquitecturas por su busto únicamente. Sin embargo, la teoría del Busto y Pellejo reclama la importancia de la parte “pelleja” que –aunque desaparece- es la que más recordamos de un lugar, y la que según María más contribuye a la creación de afecto y emoción.

Esto nos ha interesado profundamente, porque conecta con nuestra voluntad de crear entornos que empaticen con las personas a través de la percepción y el significado. Con el filtro de esta nueva teoría podemos considerar totalmente cierto que el pellejo es el elemento con más capacidad de humanizar un lugar, crear confort, empatía y una gran escala de percepciones: vista, oído, tacto, olfato… Y no sólo eso, sino como María hacía hincapié, es la parte más barata y ecológica de la construcción, se puede incorporar sobre cualquier busto ya existente y permite mucha más flexibilidad y adaptación.

barragán
“A buen busto, poco pellejo le hace falta”

Sin embargo pensamos que esto no quita de esmerarse en generar emoción a través del busto. (A buen busto, poco pellejo le hace falta: pensemos en Barragán, por ejemplo) Pero evidentemente las ventajas del pellejo son muy útiles para humanizar o dar identidad a construcciones existentes o por su carácter, neutras.

Nos aventuraríamos a decir que la confianza excesiva en el pellejo también puede ser contraproducente. Hace falta un equilibrio. Así pues, no nos entusiasman los proyectos en los que se propone un busto como una infraestructura abierta que sirve de simple soporte para la apropiación pelleja, ya que a nuestro parecer disminuye la creación de significado y sobre todo la estimulación de esas apropiaciones.

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Proyecto de Langarita-Navarro Una infraestructura abierta a la apropiación pelleja…

Se nos ocurre un tercer jugador en este paradigma. El “alma” que anima busto y pellejo. Sería la harmonía, el bienestar, el “buen rollito” que transmite un lugar. Es algo aún más difícil de describir que el pellejo, mucho más ambiguo y probablemente perecedero. Pero es la pregunta que nos hacemos constantemente, sobre cómo crear ese efecto.

Aún con todo, después de esta conferencia ya no podemos mirar el mundo de otra manera. Nos unimos a la visión de María y al vocabulario de este universo propio: ¡a pellejear!

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